
«Llegué a Aduncar sin saber cómo y salí sin recordar el camino. Lo que sí recuerdo es haber mirado a Idhal a los ojos y sentir que él llevaba siglos sabiendo que ese momento iba a ocurrir. No dijo nada. No necesitaba hacerlo.»
Descripción general
Reino al que pertenece: Aduncar no pertenece al continente, flota sobre él. Es un reino suspendido en el firmamento, un fragmento de tierra arrancado del mundo por magia primigenia y sostenido en las alturas por la voluntad de los dragones más antiguos. Su extensión es la de una provincia entera: cordilleras, valles, ríos, bosques y llanuras caben en su superficie. Desde abajo, cuando las nubes lo descubren, parece un coloso detenido en el tiempo, con su base irregular de roca viva y las cascadas que caen al vacío formando halos de vapor a su alrededor.
Aduncar es el hogar y el bastión de los dragones, gobernado por Idhal, dios del equilibrio y creador de su raza, uno de los tres poderes más grandes de Terraisk. Idhal actúa como balanza entre el bien y el mal, y desde Aduncar observa el continente sin intervenir en sus asuntos, salvo cuando el equilibrio se quiebra de un modo que ninguna otra fuerza puede reparar.
Tipo de cultura: Aduncar es un ecosistema urbano y natural a la vez. Su ciudadela central, construida sobre una meseta elevada visible desde cualquier punto del reino, alberga barrios diseñados tanto para dragones en su forma completa —con plataformas de aterrizaje, cavernas nobles y pasillos sin paredes donde entrenan maniobras de vuelo— como para quienes adoptan su forma bípeda, con cuarteles, talleres, bibliotecas y laboratorios donde se estudia magia y aprenden a ocultar su verdadera naturaleza. Más allá de la ciudadela, el reino se divide en biomas naturales que cada linaje habita según su temperamento: cumbres volcánicas, bosques eternamente cubiertos de bruma, acantilados abiertos al viento y lagunas de aguas profundas.
La cultura dracónica es antigua, jerárquica y compleja. Se valora la sabiduría, la fuerza, la lealtad y la introspección. Los dragones escriben, debaten y combaten, y su sociedad no busca la acumulación de poder sino la comprensión de su propósito. Dentro de Aduncar existen bandos con visiones distintas del equilibrio, algunos orientados hacia la luz, otros hacia la sombra, y muchos que se deslizan entre ambos extremos según el momento y la era.
Razas predominantes: Aduncar es habitado exclusivamente por dragones, eternos e inmortales salvo en combate. Los hay metálicos, cromáticos y elementales, cada uno adaptado al bioma que habita dentro del reino flotante. Todos comparten una presencia que no puede confundirse cuando adoptan su forma real, aunque todos son capaces de transformarse en apariencia bípeda para caminar entre las razas del continente sin ser reconocidos. Esta transformación no altera su raza ni su sexo: su identidad permanece oculta a menos que decidan revelarla.
No todos los dragones permanecen en Aduncar. Algunos lo abandonan por desacuerdo, por exilio o por simple deseo de explorar. Estos dragones errantes viven entre las razas del continente, algunos como consejeros o protectores, otros como amenazas silenciosas, todos llevando consigo el peso de lo que son, lejos de las normas de Idhal y de la estructura que los formó.
Monstruos cercanos: El cielo que rodea Aduncar no es un espacio neutral. Bandadas de dragones patrullan el perímetro del reino flotante, y nubes encantadas envuelven la isla como murallas vivas. En la cara inferior de la roca, túneles naturales y cavernas gigantescas albergan criaturas que rehúyen la civilización dracónica y llevan eras sin contacto con el resto del reino. Son lo más parecido a un peligro interior que Aduncar conoce.
Historia breve: Aduncar existía antes de que la mayoría de razas del continente tuvieran historia escrita. Fue creado por voluntad de Idhal como hogar y bastión para los dragones, criaturas nacidas no para dominar sino para preservar el equilibrio del mundo. Desde entonces, el reino flotante ha sido testigo de imperios que nacieron y cayeron, de conflictos que se repitieron como ecos y de razas enteras que evolucionaron o desaparecieron mientras los dragones observaban desde las alturas.
Entre sus gestos más significativos hacia el continente, Idhal fundó la orden de los Caballeros del Dragón: guerreros elegidos capaces de establecer un vínculo con un dragón que va más allá de cualquier pacto conocido en Terraisk. El vínculo fusiona la mente y el cuerpo de jinete y montura, convirtiéndolos en una sola voluntad sobre el campo de batalla. Como símbolo de la confianza absoluta que ese vínculo exige, los caballeros portan armas forjadas con la capacidad de dañar a los propios dragones, pues Idhal entendió que solo quien podría destruirte merece protegerte. Con el paso de las eras, sin embargo, el número de caballeros ha menguado hasta rozar la extinción, y hoy su orden es más leyenda que realidad para la mayoría de razas del continente.
A lo largo de las eras, las tensiones internas entre bandos con distintas visiones del equilibrio han sacudido Aduncar más de una vez. Cada muerte de un dragón, poco frecuente pero posible, es un evento que se siente en todo el reino como una grieta en el tejido del mundo. Idhal gobierna con autoridad que no necesita imponerse, pues su naturaleza es al mismo tiempo la de un rey, un padre y una ley. Pero esa autoridad no ha impedido que algunos dragones elijan marcharse, y el continente de abajo guarda, sin siempre saberlo, la huella de quienes decidieron vivir fuera de las reglas del cielo.
«Pensé que los dragones eran criaturas de instinto. Luego vi cómo debatían entre ellos durante horas sobre si una sola decisión rompería el equilibrio del mundo. Ningún consejo de reyes que haya conocido ha deliberado con tanta precisión.»
Curiosidades
Los dragones que abandonan Aduncar no son perseguidos, pero tampoco son olvidados. Idhal lleva la cuenta de todos los suyos, y se dice que ningún dragón errante ignora por completo ese hecho.
En el continente existe la creencia popular de que ver un dragón en su forma real trae consigo un cambio irreversible, bueno o malo según lo que el dragón haya venido a hacer. Los propios dragones no desmienten esta creencia.
Existe la creencia de que cuando el último Caballero del Dragón desaparezca, algo en Aduncar cambiará para siempre. Los propios dragones no desmienten esta idea, lo que a la mayoría de razas del continente les parece más inquietante que cualquier confirmación.
En Aduncar no existe el concepto de noche tal como lo entienden las razas del continente. A esa altura, el cielo nunca es del todo oscuro, y los dragones que habitan sus acantilados abiertos llevan eras midiendo el tiempo por el color de las nubes, no por la posición del sol.
Sí, lo sé: en la web he usado IA para generar imágenes (soy el demonio, lo peor del mundo por alimentar a estas criaturas malvadas y pérfidas). Pero soy diseñador gráfico, y para mí es simplemente otra herramienta, igual que cualquier programa de diseño.
No me da la vida: trabajar, escribir, crear contenido para redes sociales y la web, atender a mi familia… todas esas cosas de la vida adulta. ¿Podría pagar a un ilustrador? Sí, claro. Pero mi salario no es precisamente glorioso, y el extra de cada libro vendido apenas da para un paquete de pipas. Además, la web es gratuita.
Eso sí: en el libro físico no uso IA. Quiero que quien me lea sepa que no solo he escrito cada página robándole horas al sueño, sino que las ilustraciones que aparecen son exactamente la visión que llevo casi treinta años dibujando.















