
«En Dragónium entendí que el cuerpo sin la mente es fuerza ciega, y la mente sin el cuerpo es sabiduría inútil. Solo cuando ambos respiran al mismo ritmo, el guerrero se convierte en algo más que un guerrero.»
Descripción general
Reino al que pertenece: Dragónium es la nación ancestral de los arcanos orientales, enclavada entre cadenas montañosas y valles surcados por ríos de aguas limpias. Su posición geográfica la convierte en un territorio de difícil acceso, protegido tanto por la naturaleza como por quienes la habitan. No responde ante ningún reino externo: Dragónium se gobierna a sí misma bajo una estructura de consejo de maestros, donde cada disciplina —combate, medicina, filosofía, espiritualidad— tiene voz y voto en las decisiones que afectan a la comunidad.
Tipo de cultura: La arquitectura de Dragónium no impone, acompaña. Sus pagodas de piedra oscura, sus puentes de madera sobre torrentes y sus jardines de roca y musgo parecen haber crecido con el paisaje, no construirse sobre él. La vida cotidiana gira en torno al equilibrio entre cuerpo y mente: el amanecer convoca a la práctica física en las explanadas abiertas, y el ocaso, a la meditación y el estudio. Las calles no tienen el orden cuadriculado de Solsticia ni la vitalidad comercial de otras ciudades; fluyen de manera orgánica, como el agua que las bordea. El dios del equilibrio y los dragones, aparece tallado en cada umbral, bordado en cada estandarte y presente en cada ritual. No como figura de terror, sino como emblema de la fuerza que no necesita demostración.
Razas predominantes: La inmensa mayoría de sus habitantes son arcanos orientales, reconocibles por su porte sereno, su piel de tono amarillento inmutable y su mirada rasgada y reflexiva. Viven hasta los 120 años con naturalidad, lo que permite que maestros y discípulos compartan décadas de aprendizaje continuo. No faltan tampoco pequeñas comunidades de arcanos oscuros que, atraídos por el rigor intelectual del lugar, se han integrado en silencio entre sus bibliotecas.
Monstruos cercanos: Las montañas que rodean Dragónium no son un escenario apacible. En sus alturas anidan wyvernos , criaturas de territorialidad feroz pero predecibles para quien conoce sus ciclos. En los valles más profundos merodean golems de piedra, antiguos constructos sin dueño que responden al movimiento como a una amenaza.
Historia breve: Dragónium no fue siempre tan silenciosa. En su origen fue una ciudad-estado pujante, nudo de intercambio espiritual y físico entre los arcanos orientales y otras razas del este del continente. Sin embargo, una guerra devastadora contra los dirges quebró ese equilibrio para siempre. Superados en aquella contienda, la mayor parte de los arcanos orientales se vieron forzados a abandonar sus tierras y emprender una larga migración hacia el oeste, llevando consigo su acervo y la memoria de lo perdido.
Pocos y dispersos, se dedicaron a reconstruir lo perdido desde los cimientos. Durante generaciones, Dragónium existió como un rumor: una ciudad que algunos juraban haber visto entre la niebla de las cumbres. Con el tiempo, los supervivientes lograron reagruparse y restaurar la ciudad bajo el consejo de maestros como nuevo modelo de gobierno, más horizontal y deliberado que la estructura que los dirges habían conseguido romper. Desde entonces, la ciudad ha crecido con lentitud deliberada, rechazando la expansión rápida por considerarla contraria al equilibrio que predican. Mantienen escaso contacto diplomático con otras naciones, pero desconfían profundamente de las alianzas que impliquen deudas, lección amarga que la historia les enseñó a sangre.
«Llegué buscando un maestro de armas y encontré a un anciano regando un jardín de piedras. Me dijo que llevaba cuarenta años perfeccionando el mismo golpe. No entendí hasta que vi cómo lo ejecutaba.»
Curiosidades
Los arcanos orientales que emigraron al oeste llevan consigo amuletos con la forma del dragón de Idhal como señal de su origen. En Dragónium, portar ese amuleto sin haber nacido allí se considera un honor que debe ganarse, nunca reclamarse.
Dragónium no tiene cárceles. Quien comete una falta grave recibe una de dos sentencias: reintegración a través del trabajo y la disciplina, o exilio permanente. La segunda es considerada la más dura, pues implica la pérdida del único lugar donde el equilibrio se vive como forma de gobierno.
Se dice que Idhal descendió desde Aduncar durante la restauración, y dejó una huella en la roca del templo central que aún hoy puede visitarse.
Sí, lo sé: en la web he usado IA para generar imágenes (soy el demonio, lo peor del mundo por alimentar a estas criaturas malvadas y pérfidas). Pero soy diseñador gráfico, y para mí es simplemente otra herramienta, igual que cualquier programa de diseño.
No me da la vida: trabajar, escribir, crear contenido para redes sociales y la web, atender a mi familia… todas esas cosas de la vida adulta. ¿Podría pagar a un ilustrador? Sí, claro. Pero mi salario no es precisamente glorioso, y el extra de cada libro vendido apenas da para un paquete de pipas. Además, la web es gratuita.
Eso sí: en el libro físico no uso IA. Quiero que quien me lea sepa que no solo he escrito cada página robándole horas al sueño, sino que las ilustraciones que aparecen son exactamente la visión que llevo casi treinta años dibujando.


















