
«Los mejores guerreros que he visto en mi vida aparecieron de la nada, con una capa que parecía hecha de agua y una serpiente tricéfala bordada en ella como único símbolo de identidad. Cuando pregunté de dónde venían, nadie supo responderme. Cuando volví a buscarlos, ya no estaban. Años después alguien me dijo que eran shura. Como si eso lo explicara todo. Y lo hacía.»
Descripción general
Reino al que pertenece: Shura no está en Terraisk. Está sobre él, bajo él y a través de él, en un plano superpuesto al mundo conocido que abarca casi todo el continente sin pertenecer del todo a ninguna de sus partes. Quien camina por una ciudad de Terraisk puede estar, sin saberlo, en el mismo espacio donde en el plano de Shura existe un acantilado, un bosque sumergido o el patio de un palacio de coral. Los dos planos coexisten sin tocarse, salvo para quienes tienen la sangre o el reconocimiento necesario para cruzar entre ellos.
El reino está bajo la protección de Macji, diosa del agua, que no gobierna desde ningún trono distante sino que habita el propio plano en la forma de una gigantesca serpiente tricéfala, fruto de magia y poder acumulados durante eras. Su presencia no es simbólica: es real, constante y perceptible para cualquier shura que sepa escuchar el agua. Solo los portadores de sangre shura pueden acceder al plano sin ser invitados. El resto necesita que alguien desde dentro abra el paso, y esa invitación no se concede con facilidad.
Desde la muerte de la última regente, Joana-Asmín, el reino vive apartado de todo contacto con el exterior. Las puertas no están cerradas por decreto: están cerradas por ausencia. No hay quien las abra porque no hay quien quiera abrirlas.
Tipo de cultura: El plano de Shura es un mundo subacuático que respira. Sus edificios crecen como corales, con torres que se ramifican en formas que imitan anémonas y arcos que recuerdan la curvatura de las algas. La vegetación es la de los fondos marinos trasladada al aire: colores imposibles, texturas que parecen moverse aunque no haya corriente, organismos que en el mundo de abajo solo existen en las profundidades y que aquí florecen bajo una luz que llega filtrada y azulada desde arriba.
Porque si se mira al cielo en Shura, lo que se ve no es cielo: es la superficie de un mar en calma, que deja pasar la luz con esa ondulación característica del agua tranquila. Criaturas marinas surcan el aire entre los edificios con la naturalidad de bandadas de pájaros, y bancos de peces cambian de dirección entre las calles sin que nadie los esquive, porque forman parte del paisaje tanto como las piedras o las flores.
El suelo no es siempre sólido. Muchas zonas son extensiones de mar cuya superficie puede pisarse y recorrerse sin hundirse, como caminar sobre un espejo líquido que sostiene el peso pero conserva toda la apariencia del agua. Los shura, sin embargo, pueden sumergirse en esas mismas superficies y descender a profundidades que desde arriba resultan invisibles. Lo que para un forastero sería el suelo, para un shura es también una puerta.
Razas predominantes: Ser shura no es pertenecer a una raza, es pertenecer a una creencia y a un linaje de aceptación. En su origen, los shura eran únicamente verédits reales, descendientes de la sangre original que se dividió en dos ramas: la del bosque, promovida por Erona-Danae, que encontró su hogar en Escandur; y la del agua, impulsada por su hermano Orean, que dio forma a lo que Shura es. Con el tiempo, la identidad shura se abrió: hoy hay shura de toda raza y origen, aceptados por Macji y capaces de invocar su poder, porque la diosa no juzga la sangre sino el vínculo. Lo que une a todos los shura no es la apariencia sino el reconocimiento mutuo y la capacidad de habitar el plano como propio.
Monstruos cercanos: En el plano de Shura la frontera entre criatura y habitante es tan fluida como sus suelos de agua. Las criaturas marinas que surcan el aire no son una amenaza: son vecinos. Lo que sí puede serlo son las entidades que habitan las zonas más profundas de los mares que forman el suelo del reino, allá donde la luz de la superficie no llega y Macji no frecuenta. Nadie ha cartografiado esas profundidades con precisión, y los shura más sabios no recomiendan intentarlo.
La montura por excelencia en Shura es el Pilsener, una criatura anfibia de tres a cuatro metros de altura a la cruz, con seis patas musculosas adaptadas para moverse tanto sobre roca húmeda como bajo el agua, crin luminosa que cambia de color según su estado emocional y cola prensil que le permite navegar con precisión entre las corrientes. Se dice que los primeros Pilsener surgieron de una grieta marina abierta por Macji como regalo para su pueblo, y su vínculo con los shura va más allá de la montura: es una conexión telepática que convierte a jinete y criatura en una sola voluntad en movimiento.
Historia breve: Shura nació de una división. Cuando la sangre original verédit se separó en la rama del bosque y la rama del agua, Orean llevó a los suyos hacia un plano propio, un espacio donde el agua no era un elemento sino una forma de existir. Lo que construyeron allí no se parecía a nada del continente de abajo: una civilización que creció como crece el coral, despacio, con formas que no se planean sino que se desarrollan, y que con el tiempo produjo los mejores guerreros que Terraisk ha conocido, capaces de aparecer y desaparecer sin dejar rastro porque su hogar estaba literalmente en otro plano.
Durante eras, Shura participó del mundo exterior de forma selectiva y siempre en sus propios términos. Sus guerreros eran conocidos por todos pero comprendidos por nadie, y el reino en sí era más rumor que certeza para la mayoría de razas del continente. La muerte de Orean y posteriormente la de la última regente, Joana-Asmín, cerraron ese vínculo con el exterior. Sin nadie que quisiera mantener las puertas abiertas, el plano se replegó sobre sí mismo, y Shura pasó de ser una presencia discreta en los asuntos de Terraisk a ser directamente una ausencia. En sus archivos, sin embargo, se conservan documentos sobre el origen de muchos reinos y razas del continente que en ningún otro lugar del mundo existen.
«Entré en el plano de Shura una sola vez, invitada por alguien que ya no está. Recuerdo haber pisado el suelo y ver mis propios pies a través de él, y el mar bajo mis botas tan quieto que parecía estar esperando algo. No sé si era hermoso o aterrador. Creo que era las dos cosas, y que allí eso era completamente normal.»
Curiosidades
La crin de un Pilsener puede tejerse en amuletos que protegen contra el ahogamiento, la traición y la pérdida de rumbo. Solo los shura más sabios conocen la manera de recolectarla sin romper el vínculo con la criatura, y ese conocimiento no se enseña: se transmite cuando el maestro decide que el momento ha llegado.
Los archivos de Shura contienen registros sobre el origen y las razones de la ruptura entre razas y reinos que en ningún otro lugar de Terraisk se conservan. Que el reino esté cerrado significa que esa información lleva eras sin estar disponible para nadie del exterior, lo cual, dependiendo de qué contengan esos archivos, puede ser una pérdida o una suerte.
Un guerrero shura sin montura sigue siendo un guerrero shura. Pero un guerrero shura sobre un Pilsener es otra cosa completamente distinta. Las razas del continente que han tenido el privilegio o la desgracia de enfrentarse a uno en combate tienden a describir la experiencia de la misma manera: como intentar luchar contra el agua.
Sí, lo sé: en la web he usado IA para generar imágenes (soy el demonio, lo peor del mundo por alimentar a estas criaturas malvadas y pérfidas). Pero soy diseñador gráfico, y para mí es simplemente otra herramienta, igual que cualquier programa de diseño.
No me da la vida: trabajar, escribir, crear contenido para redes sociales y la web, atender a mi familia… todas esas cosas de la vida adulta. ¿Podría pagar a un ilustrador? Sí, claro. Pero mi salario no es precisamente glorioso, y el extra de cada libro vendido apenas da para un paquete de pipas. Además, la web es gratuita.
Eso sí: en el libro físico no uso IA. Quiero que quien me lea sepa que no solo he escrito cada página robándole horas al sueño, sino que las ilustraciones que aparecen son exactamente la visión que llevo casi treinta años dibujando.

























