
«Los dioses. La magia. Qué concepto tan primitivo el de esperar que algo ajeno a ti te otorgue el poder. Nosotros no esperamos nada de nadie: lo construimos. Y mientras el resto de Terraisk se arrodilla ante sus deidades y reza para que el hechizo funcione esta vez, nosotros hemos levantado una ciudad que ningún ejército ha sido capaz de alcanzar y ninguna fuerza ha sido capaz de detener. Llamadlo como queráis. Nosotros lo llamamos superioridad.»
Descripción general
Reino al que pertenece: Arsulia no está en el continente, se mueve sobre él. Una ciudad entera sostenida y desplazada por plataformas tecnológicas que la mantienen elevada y en movimiento constante, oculta al resto del mundo mediante sistemas de camuflaje que la hacen invisible tanto desde el suelo como desde el aire. Nadie sabe dónde está Arsulia en un momento dado salvo quienes viven en ella, y eso es exactamente como sus gobernantes quieren que sea.
A diferencia de Aduncar, cuya elevación es obra de magia primigenia y voluntad dracónica, Arsulia flota por ingeniería pura: sistemas de propulsión, estructuras de metal y décadas de perfeccionamiento técnico sostienen lo que ningún hechizo fue necesario para construir. Eso, para sus habitantes, lo hace más real que cualquier milagro.
Arsulia no tiene rey ni dios. Está gobernada por sus vencedores, los ganadores de una guerra interna conocida como las lágrimas de sal, que dividió para siempre la ciudad en dos segmentos: la zona alta, donde habitan quienes poseen el nivel de inteligencia y poder requerido para merecer sus privilegios; y la zona baja, donde malviven quienes no alcanzaron ese umbral, sobreviviendo con los residuos y desperdicios que caen desde arriba. Abandonar la isla está terminantemente prohibido para todos sus habitantes, y quienes lo intentan son perseguidos con la misma eficiencia fría con que Arsulia resuelve cualquier otro problema técnico.
Tipo de cultura: En Arsulia no existe la magia, no porque sea imposible, sino porque fue rechazada como doctrina. Sus fundadores fueron arcanos sin dones mágicos que decidieron que el poder no debía pertenecer solo a los agraciados por nacimiento, y construyeron una nación entera sobre esa convicción. Lo que el resto de Terraisk resuelve con hechizos, monturas y espadas, Arsulia lo resuelve con armas de energía concentrada, robots capaces de cambiar de aspecto y sistemas de vigilancia que no duermen ni se distraen. La tecnología aquí no es una herramienta: es la única fe que se permite.
La ciudad está herméticamente cerrada al exterior. No se entra ni se sale sin autorización de sus gobernantes, y su contacto con el mundo de abajo es mínimo y estrictamente comercial. Los tratados que Arsulia firma siempre les favorecen más a ellos, y lo saben. Al resto de razas las llaman pisacontinentes, con el desprecio tranquilo de quien cree que ya no tiene nada que aprender de ellas.
Razas predominantes: Arsulia es habitada exclusivamente por arsulianos, descendientes de arcanos cuya biología mutó con el tiempo por el contacto constante con metales, humos industriales y ambientes artificiales. Su piel y cabello adoptaron tonos verdes y azules, dejaron de sudar, y generaciones de endogamia los volvieron físicamente homogéneos. Lo que perdieron en diversidad lo ganaron en inteligencia, que se ha multiplicado con cada generación. Muchos han reemplazado partes de su cuerpo por componentes artificiales, y los más longevos conservan su conciencia en estructuras mecánicas que pueden mantenerse durante siglos. Para ellos, la muerte es una falla técnica, no un destino.
La diferencia entre quienes viven en la zona alta y quienes subsisten en la zona baja no es de raza ni de linaje: es de capacidad. En Arsulia, la inteligencia medida y certificada determina el lugar que ocupas en la ciudad, y ese lugar, una vez asignado, es prácticamente inamovible.
Monstruos cercanos: Arsulia no tiene monstruos en sus inmediaciones porque Arsulia no los tolera. Sus sistemas de defensa perimetral eliminan cualquier amenaza antes de que se convierta en un problema. Lo más peligroso que puede encontrarse cerca de la ciudad flotante es, probablemente, la ciudad flotante misma, si es que logras encontrarla.
Historia breve: Los arsulianos no nacieron como raza, nacieron como consecuencia. Fueron arcanos sin magia en un mundo donde la magia era poder, y en lugar de aceptar ese lugar se apartaron del camino trazado y eligieron otro. Lo que comenzó como pequeños gremios de inventores y técnicos sin dones se convirtió en una nación paralela con una forma de vida radicalmente opuesta al resto de Terraisk.
El proceso no fue pacífico. Sus experimentos les valieron el exilio, y el exilio les dio la distancia necesaria para construir sin interferencias. Con el tiempo, Arsulia creció hasta convertirse en el territorio tecnológicamente más avanzado del continente, capaz de proporcionar a sus aliados comerciales armaduras con autoreparación, iluminación artificial y armas de largo alcance sin recarga manual, como ocurre con su tratado exclusivo con Solsticia. Pero la guerra interna conocida como las lágrimas de sal fracturó la ciudad desde dentro, estableciendo una jerarquía basada en la inteligencia que separó a sus habitantes en dos mundos superpuestos: los que construyen el futuro y los que limpian sus desperdicios. La tecnología de camuflaje que oculta Arsulia al resto del mundo también oculta, convenientemente, lo que ocurre en su zona baja.
«Estuve una semana en Arsulia con autorización comercial. No vi un solo templo, no escuché una sola plegaria y nadie me preguntó a qué dios rezaba. Lo más parecido a la fe que encontré fue la manera en que miraban a sus máquinas cuando funcionaban bien.»
Curiosidades
Los arsulianos llaman pisacontinentes al resto de razas de Terraisk. No lo dicen como insulto en el sentido emocional del término: lo dicen como dato. Para ellos, seguir pisando el suelo es simplemente un indicador de en qué punto del desarrollo se encuentra una civilización.
En la zona baja de Arsulia existe una expresión que los habitantes de la zona alta desconocen o prefieren ignorar: vivir del echo, que hace referencia a sobrevivir con lo que cae desde arriba. No es metáfora. Es una descripción literal de su día a día.
El tratado comercial entre Arsulia y Solsticia es considerado en la zona alta un chiste interno de larga duración. Todo lo que se exporta al continente son versiones obsoletas, modelos que Arsulia ha superado hace generaciones y que en Solsticia se reciben como tecnología de vanguardia. Nadie en Arsulia ha corregido esta impresión.
Se sabe de al menos un arsuliano de la zona baja que logró escapar de la isla. Lo que le ocurrió después no está registrado en ningún archivo de Arsulia, lo cual, en una civilización que documenta absolutamente todo, es en sí mismo una respuesta.
Sí, lo sé: en la web he usado IA para generar imágenes (soy el demonio, lo peor del mundo por alimentar a estas criaturas malvadas y pérfidas). Pero soy diseñador gráfico, y para mí es simplemente otra herramienta, igual que cualquier programa de diseño.
No me da la vida: trabajar, escribir, crear contenido para redes sociales y la web, atender a mi familia… todas esas cosas de la vida adulta. ¿Podría pagar a un ilustrador? Sí, claro. Pero mi salario no es precisamente glorioso, y el extra de cada libro vendido apenas da para un paquete de pipas. Además, la web es gratuita.
Eso sí: en el libro físico no uso IA. Quiero que quien me lea sepa que no solo he escrito cada página robándole horas al sueño, sino que las ilustraciones que aparecen son exactamente la visión que llevo casi treinta años dibujando.






























